Los avances entre misiones espaciales siguen el ritmo vertiginoso de los 40.000 km/h de la nave Orion. Tras el sobrevuelo de Artemis II de la NASA, que resultó en un histórico acercamiento a la Luna que no ocurría hace unos 54 años, la agencia espacial norteamericana prepara una nueva fase fundamental. Esta etapa pondrá a prueba las operaciones críticas de encuentro y acoplamiento entre la cápsula principal y los módulos de aterrizaje lunares comerciales en órbita terrestre baja. Un paso clave en el corto plazo será definir a los tripulantes que viajarán en esta misión de demostración.
La NASA abrió una convocatoria global para artistas y creadores: cómo postularseLa gran novedad de este 2026 es que Artemis III ya no será una prueba de alunizaje, sino una demostración en el entorno de nuestro planeta para garantizar que los astronautas llegarán a salvo a la superficie lunar en el futuro. A partir de este momento, el Sistema de Aterrizaje Humano (HLS) se lanzará sin tripulación para esperar a la nave espacial Orion, encargada de transportar al personal desde la Tierra hasta el módulo en órbita. Luego, una tripulación de dos personas se trasladará entre ambas estructuras. Todo este complejo proceso requerirá de un grupo altamente capacitado, cuyo anuncio oficial hará la NASA en poco más de un mes.
Los grandes anuncios en la cuenta regresiva
La expectativa por conocer a los protagonistas ya comenzó. Los funcionarios de la agencia confirmaron que el próximo 9 de junio se revelarán los nombres de los cuatro astronautas que integrarán la tripulación de Artemis III. El esperado anuncio se realizará desde el Centro Espacial Johnson en Houston, Texas, y marcará el inicio formal de la preparación técnica y humana para un vuelo que los expertos ya catalogan como uno de los desafíos más complejos que se hayan emprendido jamás.
Este cambio radical en la arquitectura del programa implicará un despliegue sin precedentes. Allí, la cápsula Orion deberá ejecutar maniobras de alta precisión con los prototipos de los sistemas de aterrizaje tripulados en desarrollo: el Starship de SpaceX y el Blue Moon Mark 2 de Blue Origin. De superar con éxito este ensayo general, el camino quedará completamente despejado para que la posterior misión, Artemis IV, concrete el ansiado regreso humano al polo sur del satélite a finales de 2028.
Reducción de riesgos para el futuro
"Si bien esta es una misión a la órbita terrestre, es un paso importante para lograr un aterrizaje exitoso en la Luna con Artemis IV", declaró Jeremy Parsons, administrador adjunto interino de la Dirección de Misiones de Desarrollo de Sistemas de Exploración. Por primera vez, la NASA coordinará una campaña de lanzamiento que involucrará múltiples naves espaciales, integrando nuevas capacidades en las operaciones. El objetivo principal de evaluar las opciones del perfil de vuelo es reducir al máximo los riesgos antes del próximo alunizaje estadounidense.
Durante las actividades programadas, el cohete SLS (Space Launch System) se elevará desde el Centro Espacial Kennedy en Florida. En lugar de utilizar la etapa de propulsión criogénica provisional, se empleará un espaciador sin capacidad de propulsión para representar las dimensiones generales. Los trabajos de diseño y fabricación de esta pieza avanzan rápidamente en el Centro Marshall en Alabama, donde el pasado 12 de mayo de 2026 ya se acopló el tanque central a su sección de motor.
Mayor tiempo en el espacio y tecnología de punta
Una vez en órbita, el módulo de servicio de fabricación europea proporcionará la fuerza necesaria para circularizar la trayectoria. Esta órbita baja aumenta las probabilidades de éxito al permitir más ventanas de lanzamiento para cada elemento. Aunque quedan decisiones por tomar, los astronautas pasarán más tiempo a bordo de Orion que durante Artemis II, lo que permitirá avanzar en la evaluación de los sistemas de soporte vital y demostrar, por primera vez, el rendimiento del sistema de acoplamiento.
Finalmente, la agencia planea probar un escudo térmico mejorado durante el regreso a la Tierra para permitir reentradas más flexibles en el futuro. Mientras el mundo espera los nombres de los elegidos, la marcha presupuestaria no se detiene, con contratos millonarios destinados a vehículos exploradores y hábitats. El fin a largo plazo es ambicioso: consolidar una base científica permanente hacia el año 2032, sentando las bases para las primeras misiones tripuladas a Marte.